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Por qué es bueno que los niños se aburran

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La sociedad actual ha impuesto la capacidad de los padres para mantener a los hijos ocupados, como uno de los parámetros de medición que determine lo que es ser buenos padres. Como consecuencia, se ha asumido como una obligación inherente asegurarnos de que los niños estén siempre atareados o entretenidos.

 

De ahí se deriva que los horarios de los niños se mantengan sobrecargados de clases y actividades, y que todo minuto que les quede libre se conecten a la televisión o a la computadora para que los distraiga. Lo que es inexplicable es que, a pesar de todo lo que tienen para entretenerse, hoy más que nunca se quejan de que están aburridos. Tal vez están tan distraídos con el mundo exterior, que se sienten solos y vacíos porque no tienen oportunidad para conectarse consigo mismos y enriquecer su mundo interior.

 

La importancia de no hacer nada y pasar diariamente algún tiempo acompañados tan solo por el silencio y la quietud, es algo que nuestra cultura desconoce por completo. Contrario a lo que podría pensarse, el aburrimiento es benéfico para los niños. Si bien es cierto que es fundamental que los niños tengan tiempo para divertirse, también es esencial que tengan tiempo para descubrirse.

 

Cuando un niño tiene momentos para estar solo, tranquilo, sin distracciones ni actividades, así se aburra un poco, cuenta con el espacio para soñar, para desarrollar su creatividad, para dar rienda suelta a su imaginación y expresar artísticamente sus inquietudes y sentimientos. Sin embargo, con el estilo de vida actual le estamos enseñando a temerle a la soledad y al silencio, al mismo tiempo que le impedimos que se encuentre, que se conozca, que escuche a su corazón, es decir, que desarrolle una rica vida interior.

 

A medida que nuestros hijos avanzan por la vida descubriendo y haciendo cosas, también debemos procurar que se detengan a preguntarse quiénes son y adónde quieren llegar. Solo así desarrollarán la riqueza interior que les permitirá disfrutar del milagro de su existencia y maravillarse con la belleza de la creación. En otras palabras, es en la soledad donde tienen la oportunidad de ponerse en contacto con lo más profundo y bello de sí mismos, aquello que llamamos alma, y que es el espacio donde se gesta su abundancia espiritual.

 

Fuente: Ángela Marulanda/Libro: “Sigamos creciendo con nuestros hijos”.



 

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