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Geraldine Norte

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Segura, fuerte y muy emprendedora, así se describe la Dra. Geraldine Norte, una mujer profesional, esposa, jugadora de fútbol y pediatra neonatóloga por vocación, quien desde pequeña supo seguir su instinto, su pasión. “Desde pequeña siempre quise ser doctora, incluso en mi anuario de la escuela aparece que deseaba ser pediatra. Desde los doce años sentí que quería estudiar para ser doctora, mis padres me apoyaron; fueron doce años de estudios durante los cuales tuve que sacrificar reuniones familiares o con mis amigos.

 

Su apartamento, en Costa del Este, fue el escenario para conocer más de la vida de Geraldine Norte, quien a simple vista nos devela una personalidad muy sensible, que se esmera cada día por educar a las madres sobre el cuidado que necesitan sus bebés desde sus primeros días de vida, sin descuidar el cariño, amor y tiempo que requiere su propio hogar.

 

Feliz y enamorada de mi familia

 

La vida familiar de Geraldine al lado de su esposo, el también galeno, Roberto Epifanio es muy agitada, para estos padres conciliar la vida familiar y profesional, teniendo tres niños pequeños es todo un desafío.

 

“Tener tres niños y dedicarles el mismo tiempo a cada uno no es fácil, porque ser médico abarca bastante tiempo. Mi esposo y yo, acordamos que uno de los dos debería pasar más tiempo en casa, convenimos que fuera la mamá.


Mi familia está conformada por Estefanía de ocho años, una niña súper responsable, brillante, dedicada más que nada a la danza; Roberto José tiene cinco años, él siempre será mi eterno enamorado, es súper romántico, le encanta ayudar a sus amiguitos del salón y practicar taekwondo y fútbol; Benjamín –Benji- como cariñosamente le llamamos tiene un año, es el complemento perfecto y mi esposo, un gran hombre que siempre me apoya en todo”.

 

Mi mayor reto como madre, esposa y profesional

 

“Ser médica neonatóloga, madre y esposa es una gran tarea, cuando llega el final del día siento que estoy agotada. La organización es clave, mi esposo siempre me ayuda a llevar un orden.


En casa una de las reglas principales es no aburrirse. Nos gusta mucho salir a comer y ver película en familia, aunque muchas veces he tenido que salir corriendo del cine, a media película, porque hay que atender un parto”.

 

Súper mamá


Al igual que muchas madres, los días de Geraldine inician desde muy temprano, sobre todo en la época escolar… “mi día inicia como a las 5:30 a 6:00 a.m. arreglo a los niños para la escuela, les organizo la merienda y después de que el busito los recoge, comparto con el bebé. Luego me dirijo al trabajo, pero antes de atender en mi consultorio, pasó a ver los pacientes hospitalizados. Regreso a casa como a las 2:00 o 3:00 p.m. para atender a “mi chiquito” Benjamín y para almorzar, y vuelvo al hospital a ver a mis pacientes.


Ahora también juego fútbol con unas amigas, porque si una no se dedica tiempo cuando puede después se hace difícil, el trabajo absorbe todo”.

 

La maternidad etapa maravillosa con grandes retos


“Las diferentes etapas de mi maternidad han sido ‘maravillosas’ todos los embarazos han sido distintos, en el caso de mi segundo hijo Roberto José, nació prematuro; pero como solo faltaba un mes para completar la gestación me decía ‘todo va a salir bien’, luego de nacer presentó dificultad para respirar, pensé que mejoraría en 48 horas. Al contrario, en ese lapso de tiempo empeoró y tuvieron que colocarle un ventilador mecánico comúnmente llamado -respirador- y otros tubos: uno para la alimentación, uno en un pulmoncito, porque este no ejercía bien su función y había que sacar el aire de donde no debía estar, estaba conectado a otros tubitos -neumotórax- o catéteres por el remanente del cordón umbilical -para las venoclisis y la toma de muestras de sangre-. A eso hay que sumar los cables de los monitores para medir sus signos vitales”.

 

Cuando la impotencia llega


Se supone que no me debía sobrecoger porque en mi especialidad (Neonatología y Pediatría) veo esos casos a diario; sin embargo, la percepción era muy distinta. No me encontraba del lado de la doctora, sino del lado de la mamá. Lo que me hacía sentir diferente era percibir que esa pequeña criatura estaba pasando por una experiencia dolorosa, que sufría y yo no podía hacer nada, lo peor era conocer al detalle lo que ocurría y los procedimientos médicos. La sensación de impotencia era indescriptible, Roberto José permaneció doce días en cuidados intensivos.


En ese momento traté de dedicarme a ser mamá; sin embargo, fue difícil porque frecuentemente lo veo desde otra perspectiva. ¿Por qué será que cuando uno pasa por una experiencia desagradable es inevitable pensar en cosas malas, a pesar de que uno luche contra esos pensamientos?

 

El apoyo familiar


Tuve todo el apoyo de mi familia, especialmente de mi esposo. Ambos pasamos malos momentos, pero él trataba de darme ánimo. La primera vez que lo pudimos cargar tenía seis días de vida -yo sentí que había pasado una eternidad-. Ese fue uno de los mejores momentos que he experimentado y el que me inyectó de energía para ser positiva. Era cuestión de ser paciente y esperar para llevarlo a casa.

 

La vida siempre nos enseña grandes lecciones


Siento que todo esto me enseñó a comprender mejor a los pacientes, a ponerme en el lugar de ellos; a saber que si es necesario repetir las cosas muchas veces, se repiten, porque cuando te dan la condición o una explicación, tu cabeza probablemente esté pensando en otra cosa o, simplemente, no está en ese lugar. Es como si viajaras a un mundo paralelo del cual, de manera subconsciente, no quieres regresar o simplemente no te acuerdas o no lo comprendiste, a pesar de que las explicaciones hayan sido claras y sencillas.

 

El mayor impacto en mi vida como profesional


En mi décimo mes de Residencia de Pediatría en el Hospital del Niño, se encontraba hospitalizada una niña no recuerdo su nombre, pero tendría aproximadamente ocho años.


Su diagnóstico era Tumor de Wilms –cáncer de riñón- su causa exacta se desconoce, pero sus síntomas y signos son: dolor abdominal, estreñimiento, fiebre de larga duración, malestar general y cansancio, tensión arterial alta, falta de apetito, aumento del tamaño del abdomen, vómitos. Los niños que presentan este tumor tienen una tasa de curación del 90% con el tratamiento apropiado.


Recuerdo que era tímida, estaba muy delgada y en estado de desnutrición, estaba pálida a pesar de transfusiones de sangre repetitivas, no tenía cabello.
Como se acercaba la Navidad, mucha gente se acerca al Hospital a donar juguetes, pero a aquella niñita era poco lo que le sacaba un sonrisa. Un día se me ocurrió preguntarle qué quería para Navidad, mi corazón se partió en pedacitos cuando me dijo: “lo que más quiero es tener cabello”.¡ Oh! Dije, la verdad no tuve palabras para responderle.


Un día pasé por casualidad por un local donde hacían pelucas de cabello natural. Entré a preguntar cuánto costaban y realmente eran bastante costosas.

 

La dueña me atendió y me preguntó para qué la quería. Le conté la historia y me dijo que tenía una peluca que le habían devuelto, que si llevaba a la niña se le podía hacer un corte y se la regalaba. Al día siguiente hice todo los trámites para sacar a la niña del hospital, ella estaba bastante débil, pero cuando le dije adónde íbamos, se levantó como pudo y en silla de ruedas la llevé al local. Le hicieron un corte espectacular, la niña no paraba de sonreír, quería hasta dormir con la peluca.

 

Se hicieron todo los trámites para que la niña pasara Navidad con sus padres, los cuales no tenían dinero para regalarle nada, pero recibió, según ella, el mejor regalo de la cual sería su última Navidad, ya que falleció unos meses después. Personalmente creo, que es uno de los mejores regalos que he hecho en una Navidad.


Mi sueño más anhelado ya es una realidad…


Siempre me ha gustado escribir, y desde hace mucho tiempo he tenido la idea de escribir un libro, la idea principal era crear un libro de Neonatología, pero con el pasar del tiempo esa idea ha ido modificándose. Cuando nace mi tercer hijo, empecé a escribir artículos cortos todos los viernes en las redes sociales, donde contaba anécdotas y experiencias pediátricas y todo por lo que una madre puede pasar. Con ayuda de una amiga tomamos la decisión de tener mi propio blog “Letras de una pediatra mamá” sueño que se convirtió en una realidad que actualmente tiene un año y medio, consta de más de cincuenta escritos, en estos escritos utilicé un lenguaje muy coloquial para que esa información pueda llegar de manera clara a todas las madres que buscan tips pediátricos y, que de cierto modo, se pueden encontrar reflejadas en algún artículo. Después de ver la aceptación que ha tenido el blog, decidí incursionar en la creación de un libro “La primera taza” donde se incorporan todos los artículos de mi blog y otros nuevos. La razón primordial que me animó, es que en Panamá a percepción mía, la educación de las personas es muy poca en cuanto a salud se refiere.

 

Consejo de mamá a mamá


- La familia es lo más importante, el trabajo debe ser secundario, porque los hijos son prestados y por esa razón, debemos dedicarle tiempo de calidad. Así como debemos pensar que los niños crecen y se van, de esa manera logramos valorar cada minuto que estemos con ellos.

- No debemos dejar que el trabajo nos absorba, siempre debemos sacar un tiempo para nosotras, porque si no, no se hace nada.

- La vida puede que nos presente grandes retos, pero tenemos que ser fuertes para superarlos y seguir adelante.

- Ser madre, profesional y esposa no es fácil, pero tampoco imposible, solo se debe crear un balance y ser organizada.

 

 

 

 

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