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Rebeca Eisenman

 rebeca-eisenman.jpgRebecca Eisenman es reconocida en nuestro medio por su amplio conocimiento y experiencia ayudando a muchas personas a rediseñar su plan nutricional, basada en su filosofía de “verde y rebelde”, la cual promueve e impulsa un estilo de vida saludable, cuyas bases se afirman en la alimentación pura y natural –libre de químicos, preservantes y pesticidas, sin regímenes estrictos solo buscando nutrir el cuerpo y escuchando su voz para evitar aquello que puede hacer mucho daño.

Viviendo entre extremos

Cuenta que de niña era bastante introvertida y, aunque parezca increíble, se consideraba poco femenina, amaba el fútbol, deporte que practicaba con frecuencia y paradójicamente abandonó cuando unos cazadores de talento le insistieron en que ingresara al concurso de Miss Venezuela, pues le veían grandes cualidades, además de su belleza para destacar.

“Como estaba rellenita allí me pusieron a rebajar, perdí doce kilos en dos meses; entrené por un año, este que fue un cambio drástico, regresé a la Universidad y no me reconocían, estaba delgada. Me gustaba como se veía mi cuerpo. Entonces empezaron una serie de desórdenes alimenticios, llegué a pesar hasta 48 kilos, pero renuncié al concurso porque no quería operarme, ni hacerme liposucción. Ya fuera, traté de comer normal, me fui para Europa con mis amigas y obtuve un efecto rebote. Mi vida era extrema o comer chatarra o comer saludable”.

Nuestra invitada de portada se graduó como licenciada en Estudios Liberales en la Universidad Metropolitana de Caracas, Venezuela y se considera una comunicadora, le apasiona llegar a las masas. Actualmente es asesora de salud, esposa y madre. En el área de nutrición empezó su preparación como autodidacta y más tarde se certificó en Nutrición integrativa y holística (en el Institute of Integrative Nutrition).

Vivir la maternidad al natural fue su sueño

Desde niña soñó con ser madre y tener un parto normal y fue precisamente ese sueño, que la impulsó para hacer cambios en su vida que la prepararan para ese momento:

“Yo siempre quise un parto natural, desde chiquita, para mí era súper importante, sentía que eso influenciaba mucho en lo que es la persona porque nace luchando, siento que es un paso importante no solo para la mujer. Quería vivirlo, quería sentir lo que era tener un bebé. Vivía con mucha ansiedad y estrés, tenía muchos malos hábitos, incluyendo fumar y tomar bebidas energizantes todo el día, le tenía miedo a las calorías. Pero sabía que no quería ansiedad ni estrés en mi embarazo, entonces fui dejando mis malos hábitos enseguida y adoptando nuevos, comiendo más vegetales, más frutas y siendo muy intuitiva en lo que mi bebé me pedía, fue un proceso.

Cuando no hay tiempo para cocinar

Rebecca Eisenmann nos compartió algunos de sus trucos para no caer en el pecado de comer comida precocinada, saturada de conservantes o chatarra, por falta de tiempo:

“Creo que el fin de semana es clave para preparar comidas, y lo puedo decir porque sé de lo que hablo, yo trabajé durante el primer año de Selah y, aunque estaba parte de la jornada en la casa y parte fuera, no me alcanzaba el tiempo; lo que yo hacía era que preparaba arroz, garbanzos y como cuatro tipos de grano, los iba descongelando y hacía platos con eso, tenía opciones rápidas para no perder el tiempo, el jugo verde dura hasta tres días, preparaba varios potes.”

Escuchar a tu cuerpo

Esta intrépida madre predica que para poder alimentarse mejor hay que escuchar la voz del cuerpo, ella nos habla de que solo debemos afinar los sentidos para reconocer aquello que necesita o lo que le hace daño:

“Por ejemplo si comía mucho a la vez, me daba acidez; entonces empecé a repartir mis comidas en porciones pequeñas y empecé a entender cuándo era suficiente y cuándo mi cuerpo no podía recibir más.

Otra de las señales, era que mi cuerpo me pedía muchos cítricos como la toronja, a mí no me gustaba, pero sentía que la

necesitaba, quizás me faltaba vitamina C. Fue un proceso.

Empecé a comer ensaladas, quería que ella fuese saludable y nutrirla lo más posible para que creciera, entendía que eso sería posible a raíz de lo que yo comía, las pocas veces que comí por ejemplo un taco, vomitaba, pedía una pizza pensando que la iba disfrutar; sin embargo, no me pasaba ni el primer pedazo. Eran cosas raras las que sucedían, pero luego entendí que la bebé quería comer saludable. Ella fue la que me enseñó a mí, no yo a ella. Ella me volvió “verde”.

Decidí conectarme con mi cuerpo, entenderlo y confiar en que mi bebé venía perfecta, no interferí con la naturaleza.

Una generación de cambio

Para Rebeca el nacimiento de su hija Selah, cuyo nombre significa “un alto para reflexionar”, es el motor que la mueve a impulsar su filosofía “verde y rebelde” que lejos de ser una moda, es ayudar a más personas a conectarse con su interior y vivir una vida más apegada a la naturaleza.

“No quiero que mi hija crezca contando calorías, que se infrinja hambre o se haga una liposucción para satisfacer ideales, quiero que se nutra, que su comida sea su mejor herramienta y que su cuerpo sea su templo, quiero que sea parte de una generación sin regímenes para adelgazar, llena de restricciones. Que sea parte de una generación con poder y educación para escoger lo que su cuerpo necesita, que comprenda que el cuerpo es para fortalecerlo, cuidarlo, amarlo, escucharlo; no ignorarlo”

Adoptando nuevos hábitos al comer

Esta rebelde fémina asegura que sí se puede cambiar, ella es un ejemplo viviente de esa transformación e incentiva a los padres a que se atrevan a cambiar sus malos hábitos alimenticios por la salud de su familia:

1. Tomar la decisión es fundamental para el cambio de hábitos alimenticios, luego el siguiente paso es añadir a tu dieta más vegetales y frutas, más comidas enteras y menos refinadas, porque inmediatamente vayas incorporando frutas y vegetales, el cuerpo te va a dejar de pedir aquello que no te beneficia.

2. Procura mantener el control de lo que se cocina en casa, no lo dejes a discreción de tu asistente en el hogar, escoge los alimentos así como sus ingredientes, por la salud de tu familia y la tuya.

3. Utiliza alternativas para que los dulces o postres sean más saludables como la raspadura, sirope de Maple, la miel de abeja, que no son azúcares refinados.

4. Evita los aceites hidrogenados, usa mantequilla o aceite de coco, las grasas buenas, lo importante es que tengan un valor nutricional.

5. Procura no presionar a los chicos para que coman los vegetales, porque muchas veces los padres son los primeros en rendirse y nuevamente le dan aquello que prefiere el niño y que no es tan saludable.

6. Come con ellos, aprenden por el ejemplo. La comida es un punto familiar de unión. En mi caso, con mi esposo ha sido un punto a nuestro favor porque hemos crecido juntos. Yo creo que la cocina es un punto básico y tenemos que saber de dónde viene nuestra comida y participar en ella porque la comida es amor, si lo haces con cariño y amor sabe diferente.

 

Comentarios 

 
0 #1 I. Roberto Eisenmann 26-05-2014 15:01
Felicitaciones por este articulo. Mucho orgullo el nuestro. Soy el papa de Rebecca, abuelo de Selah.

Una sugerencia cordial - el nombre es uno de los elementos mas importantes de cada persona - debemos procurar escribirlo correctamente, también para evitar confusiones. Nuestro apellido se escribe con dos "n"s al final.

Saludos gratos
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