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Isabel Cristina de Montemayor y Diana Cristina Montemayor

isabel-y-diana-montemayorLa adversidad tiene muchos rostros, encarar esos obstáculos con determinación, valor y fe, es lo que hace diferente al ser humano, en esta ocasión queremos compartir el testimonio de fe de la familia Montemayor, y aunque el milagro ocurrió hace varios años, hoy volvemos a desempolvar y a sacar la historia del baúl, para dar a conocer otras buenas nuevas.

 

Después de 17 de años de conseguir un trasplante de hígado y librar una dura batalla por la vida, Diana Cristina Montemayor de Guevara invitada de portada junto a su madre Doña Isabel Cristina de Montemayor comparten su experiencia.

Un acontecimiento que marcó sus vidas con aquella solidaridad de un pueblo que se volcó a las calles a ayudar sin reparos. Muchos quizás recuerden, este suceso que cautivó y movió a muchos corazones.

Para aquellos que desconocen la historia, Isabel de Montemayor, hoy directora de primaria del Colegio Javier, vivió momentos cruciales en su rol de madre al tener que afrontar con coraje y valentía primeramente el diagnóstico de una rara enfermedad denominada Histiosistosis X, la cual fue diezmando la salud de su hija Diana cuando apenas tenía un año y medio, afección que logró superar con quimioterapia, pero que a la vez dejo secuelas en su hígado, por lo que un trasplante de ese órgano se hizo inminente.

En medio de las pruebas nunca perdió la fe

Todo lo vivido aun remueve las entrañas de Doña Isabel y no puede contener las lágrimas que en varias ocasiones se asomaron delatando la emoción que aquello le produce: 

Isabel: “En el año 1996, Diana tenía 10 años y cumplía los 11 el 8 de mayo. Los episodios de sangrado se daban con más frecuencia, dos veces al mes. Recibía transfusiones de plaquetas, glóbulos rojos empacados y plasma para normalizarla. Empecé a leer la revista Selecciones y encontré un artículo en el cual se decía que en Filadelfia hacían los trasplantes de hígado. Escribimos y nos pedían B/ 300.000 dólares. Confieso que ¡casi muero!”

Fueron días de búsqueda de diferentes hospitales, hasta que contactamos al Sr. Tomas Ford quien tenía una fundación y nos ayudó inmensamente escribiendo al Jackson Memorial Hospital en Miami. Allí nos pedían B/260.000 dólares que logramos recoger en 6 meses gracias a nuestra familia, amigos, exalumnos, compañeros del colegio de Diana y compañeros de trabajo que emprendieron la campaña “Diana estamos contigo” que fue difundida en los medios de comunicación. Nunca dude que podríamos conseguirlo.

 

Dependíamos de un donante, su papá iba a serlo pero por tener hígado graso fue rechazado, hubo una segunda oportunidad pero el órgano endureció minutos antes que ingresáramos a salón de operaciones, ya la tercera oportunidad fue la decisiva para lograr hacer el trasplante.

El manejo emocional de los hijos, ante la enfermedad

Ante una situación en que la enfermedad acecha la vida de un hijo, una madre puede cuestionarse: ¿por qué a mí?, sentir sentimientos de conmiseración, pero en este caso, se creció ante la adversidad. Su trabajo sí que era difícil pues aunque por dentro estaba debilitada emocionalmente debía motivar a todos:

Isabel: “Cuando supe que mi hija Diana estaba enferma, me sentí impotente, presa del miedo y de la angustia. Pensé que tenía que hacerle frente a las necesidades emocionales de mi hija y a los efectos que una enfermedad prolongada puede afectar a la familia.

Recuerdo que el día de la cirugía era yo quien tenía que darle fuerzas y animarle. Así que saqué fuerzas y disimulé delante de ella cuando me permitieron entrar hasta el salón de operaciones. Ella me dijo haber visto una luz de colores en frente, entonces reí y le dije: Es tu ángel que va a entrar contigo y te acompañará. Mami te esperará aquí afuera. Ya a solas me dije. Señor: “Te entrego a mi hija y que se haga tu voluntad”.

Las cicatrices emocionales de una enfermedad

Diana quien en la actualidad es toda una profesional - Sub-gerente de Asuntos Generales de Samsung electronics-, confiesa que gracias al trabajo realizado por sus padres en el manejo de la enfermedad cuando era pequeña, nunca pensó que nada malo le fuera a suceder, aunque sí reconoce que sintió los temores propios de un niño que se enfrenta a una cirugía.

Diana: “Cuando mi mamá me dio la noticia -que tenía un donante y que sería intervenida- quise gritar ¡No! Tenía tanto miedo, y mi mamá estaba tan contenta y dándome fuerza.

Mi familia es simplemente la mejor, no me cabe la menor duda, cómo mis padres, tíos, primos, etc. se unieron para armar la campaña de recolección. Mi mamá hizo de todo, creo que desde que tengo uso de razón mi mamá ha estado conmigo de doctor en doctor, y de hospital en hospital por mi condición médica. 

Por supuesto que mi enfermedad era traumática como para cualquier niño, tener la piel amarilla, el abdomen hinchado, vomitar sangre, no poder jugar con otros niños, entre otras cosas, son factores que te dejan marcado de por vida. Mi familia, ellos tenían que poner cara de que todo estaba bien, para que yo me quedara tranquila en medio de los tratamientos, puyadas, hospitales, etc. Siempre fueron muy positivos, sobretodo mi mamá, quien no se despegaba de mi”.

Viviendo la maternidad un nuevo milagro

Para Diana la maternidad era un sueño casi lejano, la alternativa más viable para vivir esta experiencia sería la adopción, con la cual su esposo Cesar Guevara, estaría más que de acuerdo, puesto que por su deseo de ser padre no pondría en juego la vida de su esposa. Pese a todos los pronósticos médicos y parches anticonceptivos la voluntad divina prevaleció y Diana es premiada con otro milagro más en su vida, esta vez, su pequeña hija Sofía Isabel.

 

Diana: “Saber que estaba embarazada fue una mezcla de emociones, alegrías y miedos; muchos miedos, sobre todo por el hecho de que crecí con la idea de que no podía tener bebés. Afortunadamente cuento con mis padres y hermanos, mi esposo ha sido siempre mi soporte cuando siento que no puedo más.”

 

Los riesgos que supone para la madre que ha experimentado un trasplante de hígado, radica en que los cambios hormonales, pueden provocar que aun después de mucho tiempo el órgano presente rechazo y por otra parte al continuar la medicación, sobre todo con corticoides, puede existir riesgos de malformaciones fetales.

 

Los cuidados de un embarazo

 

“Uno de mis mayores retos ha sido trabajar embarazada, y no por el hecho de estar embarazada, sino por ser yo, trasplantada hepática, hipertensa, sin baso, consumiendo corticoides; mis posibilidades de ser madres eran nulas. Al ser un embarazo de alto riesgo, pensé que iba a tener que dejar de trabajar como desde el cuarto mes, pero lo logré, trabajé hasta el último día antes de salir de licencia por maternidad.

Durante el embarazo mis doctores hicieron cambios en mis medicamentos del hígado, y de la presión, porque podían afectar al bebé y los suspendí, luego del parto dependiendo de cómo estuvieran mis enzimas hepáticas me los restablecían o mantenían suspendidos para poder dar leche materna a la bebé. Por ahora no tomo nada.”

El aprendizaje detrás de los obstáculos

“Quiero enseñarle a Sofía Isabel todo lo que me enseñó mi madre, gracias a Dios y a mi mamá, estoy hoy viviendo cosas que nunca soñé vivir. Mi mamá nunca se rindió, a pesar de tener el mundo en su contra, luchó por mí y hoy yo soy una luchadora como ella.

Mi condición me enseñó a creer en las segundas oportunidades, a valorar más lo que la vida me ha regalado”, concluyó Diana Montemayor.

“Cuando me casé con Diana sabía que había la posibilidad de no tener hijos era casi un hecho, nunca me preocupé por ello pues le dije que mi familia puede ser perfectamente alguien que no tenga esos lazos de consanguinidad la adopción para nosotros era una opción para ser padres, hoy que recibimos la bendición no hay palabras para describirlo...” Cesar Guevara- esposo de Diana Cristina-. El amor de una madre no conoce fronteras ni límites, madre e hija unidas en una batalla por la vida en la cual salieron vencedoras gracias a su fe. Todo es posible si puedes creer...

 

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